Nación

La erosión de la confianza y el límite social del modelo libertario

Metropolitano Online

El crédito político no es un recurso inagotable. Tras meses de sostenerse sobre la expectativa de un cambio de rumbo y la promesa de un bienestar futuro, los indicadores de opinión pública comienzan a registrar fisuras profundas en la base del respaldo social que acompañó al proyecto de La Libertad Avanza.

El descenso sostenido en los índices de confianza en el Gobierno Nacional no representa un mero dato estadístico de la coyuntura, sino la manifestación de un quiebre en la tolerancia social frente a un ajuste que ha golpeado con dureza a los sectores medios y populares

Durante la primera etapa del mandato, el relato oficial logró encauzar el malestar colectivo responsabilizando al pasado y prometiendo que el esfuerzo recaería sobre los sectores privilegiados de la política. Sin embargo, la brecha entre la narrativa gubernamental y la realidad cotidiana terminó por imponerse. El aumento sostenido de las tarifas de servicios públicos, el desplome del consumo masivo, la pérdida del poder adquisitivo salarial y el preocupante endeudamiento de las familias para cubrir gastos esenciales han operado como un catalizador del desencanto ciudadana.

Sin embargo, la brecha entre la narrativa gubernamental y la realidad cotidiana terminó por imponerse

El principal problema para el Poder Ejecutivo radica en que la pérdida de confianza afecta directamente al corazón de su estrategia política: la legitimidad de origen como único escudo para avanzar con reformas estructurales sin el aval explícito de consensos parlamentarios o territoriales. Cuando la aprobación de la gestión se corroe y la credibilidad del discurso oficial se desgasta, la intransigencia legislativa deja de interpretarse como una muestra de firmeza para empezar a percibirse como aislamiento y dogmatismo.
Las advertencias que emiten las encuestas no deberían ser minimizadas por la conducción de la Casa Rosada. La historia económica argentina demuestra que ningún programa de ordenamiento fiscal o monetario puede sostenerse en el tiempo si pierde el anclaje del consenso social mínimo. Pretender gobernar de espaldas a la percepción de las familias y desestimar las señales del humor colectivo es un ejercicio de alto riesgo político que suele derivar en la parálisis de la gobernabilidad.

La historia económica argentina demuestra que ningún programa de ordenamiento fiscal o monetario puede sostenerse en el tiempo si pierde el anclaje del consenso social mínimo

El oficialismo se encuentra en una encrucijada decisiva: reconfigurar sus prioridades para dar respuestas concretas a la microeconomía y atenuar el impacto del ajuste sobre los sectores más golpeados, o persistir en una dinámica de polarización constante que corre el riesgo de acelerar la erosión de su propio capital político. La confianza ciudadana se construye con resultados perceptibles; sin ellos, la paciencia social tiende a agotarse mucho más rápido de lo que los manuales de la política suponen.

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