El Ministerio de Economía presentó su esquema para 2026 y 2027. Aunque el mercado financiero lo recibió con alivio, los números exponen un fuerte aumento del endeudamiento, plazos más cortos y un escenario de reestructuración inevitable a partir de 2028.
El próximo gobierno que asuma en diciembre de 2027 no solo heredará un aparato productivo colapsado, un Estado debilitado y una crisis social profunda. Desde el primer minuto de gestión, deberá enfrentar una verdadera bomba de tiempo financiera: una deuda externa con montos monumentales y plazos tan cortos que, bajo las condiciones actuales, resulta impagable
Los detalles de esta encrucijada económica quedaron a la vista tras la presentación del plan financiero realizada este lunes por el ministro de Economía, Luis Caputo, junto a su viceministro, José Luis Daza, y el secretario de Finanzas, Federico Furiase. Durante la conferencia, el equipo económico esquivó hablar del panorama que dejarán a sus sucesores y prefirió concentrar su discurso en la «herencia recibida».
La trampa de los números: más deuda y menos reservas
El esquema diseñado por el Palacio de Hacienda para cubrir los compromisos en divisas de 2026 y 2027 revela una bicicleta financiera que incrementará el stock de deuda. El gobierno planea tomar 30.100 millones de dólares en nuevo endeudamiento para cancelar obligaciones anteriores por 25.000 millones de dólares.
Esta diferencia de aproximadamente 5.000 millones de dólares no se sumará a las reservas del Banco Central, sino que se fugará del país para el pago de intereses. De esta manera, la gestión actual entregará el mando a fines de 2027 con más deuda que a principios de este año y con plazos de vencimiento mucho más asfixiantes.
Además, para cumplir con los intereses pendientes en estos dos años, el plan oficial contempla un fuerte ajuste sobre los activos públicos:
Se utilizarán 11.600 millones de dólares de las reservas del Banco Central.
Se liquidarán activos del Estado (privatizaciones) por otros 2.300 millones de dólares.
Cabe destacar que este diagnóstico oficial está recortado: solo contempla las necesidades de la Tesorería. Deja fuera compromisos clave del Banco Central como el swap con China, las inversiones extranjeras o la salida de divisas por pago de utilidades y deudas de empresas privadas en el exterior
El salto de vencimientos en 2027
El verdadero ahogo financiero comenzará a sentirse el año próximo. Mientras que los vencimientos de capital para 2026 ascienden a 9.300 millones de dólares, para 2027 la cifra trepa a 15.700 millones de dólares, lo que representa un salto del 70%. Esta acumulación de compromisos debilita el último año del mandato actual y deja un escenario crítico para 2028.
El empeoramiento de los plazos responde a las decisiones de financiamiento de la propia gestión de Milei, concentradas en dos frentes:
El frente interno (Bonar): Los bonos bajo legislación local, en manos de acreedores locales, explotan en 2027. Pasan de 2.400 millones de dólares en 2026 a 4.900 millones de dólares en 2027 (un aumento del 104%), debido a las colocaciones de deuda a corto plazo emitidas recientemente.
El frente internacional (FMI): El Fondo Monetario Internacional pasará de ser el cuarto acreedor en relevancia este año a ocupar el segundo lugar en 2027, saltando de 1.100 millones a 4.400 millones de dólares. Esto se debe a los primeros vencimientos de capital del nuevo crédito por 20.000 millones de dólares tomado en abril de 2025, el cual se sumó a las deudas previas de las gestiones de Macri y Fernández.
Del relato del «regreso a los mercados» a la falta de opciones
Durante la presentación, Caputo ensayó un cambio de discurso respecto a sus promesas iniciales. Si al comienzo de la gestión criticaba al gobierno anterior por haber perdido el acceso al crédito internacional y prometía revertirlo rápido, ahora aseguró que «salir a los mercados es una opción, pero no un objetivo».
El ministro argumentó que «el tiempo juega a favor» para demorar la emisión de bonos en el exterior a la espera de que baje el riesgo país y, con él, las tasas de interés. Sin embargo, detrás de la explicación oficial se esconde la incapacidad real del país para volver a financiarse en las plazas internacionales
Mientras los sectores financieros y «el mercado» muestran sonrisas ante las promesas de pago, el impacto de estas medidas genera un clima opuesto en los sectores populares, que pagarán el costo del achicamiento del Estado y la pérdida de reservas. El próximo gobierno se verá obligado a sentarse a renegociar las condiciones con fondos especulativos y organismos internacionales de crédito, que difícilmente muestren la misma flexibilidad con una gestión que intente poner límites al capital financiero internacional.
