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NADIE SE SALVA SOLO Y MENOS LOS PIBES DEL GROOMING

Por Federico Cermelo

Cada 13 de noviembre, Argentina conmemora el Día Nacional de la Lucha contra el Grooming. Esta fecha, que recuerda la sanción de la Ley N° 26.904 en 2013 que tipificó este delito, no debe ser un simple recordatorio en el calendario, sino un llamado de atención urgente y permanente sobre una realidad que sigue silenciada y que carcome la integridad de nuestras infancias y adolescencias.
El grooming, ese acoso sexual en línea perpetrado por adultos que se ganan la confianza de menores, es un flagelo que muta con la tecnología y se esconde detrás de la inmediatez de las pantallas. Los depredadores actúan con impunidad, aprovechando la brecha digital y, muchas veces, el desconocimiento de padres, educadores y funcionarios sobre los riesgos reales del entorno virtual.

Los datos son alarmantes: uno de cada tres niños, niñas y adolescentes no sabe qué es el grooming. Esto demuestra una falla sistémica en nuestra capacidad de prevención y educación. No basta con la ley; se necesita un compromiso social integral. La violencia que se ejerce en el plano digital es tan real y devastadora como la física, y sus consecuencias marcan vidas para siempre

Como he sostenido en diversos ámbitos, la prevención debe ser el pilar fundamental de nuestra acción. Por eso, en plena pandemia y aumento del ciberacoso, tras la vocación política del entonces presidente de Diputados Nación, Sergio Massa y el gran trabajo de la ong Mamás en Línea, desde el Observatorio de Familias y Juventudes promovimos la sanción de la Ley 27.590 (conocida como Mica Ortega en honor a una de las primeras y más trágicas víctimas que se conociera de este delito) para generar una campaña permanente de concientización en escuelas, plataformas y medios.
En este sentido, cabe destacar que es importante que el grooming sea considerado delito pero no alcanza con que sea un artículo del código penal, necesitamos que el Estado pueda llegar antes y no siempre después del acoso. Educar en ciberseguridad y ciudadanía digital no es un gasto, es una inversión vital en el futuro de nuestros hijos.

En un contexto progresivo de recortes en áreas sensibles, es fundamental recordar que las líneas de ayuda y los programas de prevención son herramientas cruciales para reparar el dolor y, mejor aún, evitarlo. La lucha contra el grooming requiere recursos, capacitación y la voluntad política de poner estos temas en la agenda pública como prioridad indiscutible

Pero la responsabilidad no recae solo en las instituciones públicas. Las familias deben asumir un rol activo y protagónico. Mantener un diálogo abierto con los menores, conocer sus hábitos digitales y estar atentos a cambios de conducta son herramientas esenciales para la detección temprana. No podemos ser espectadores pasivos mientras la vulnerabilidad de nuestros jóvenes es explotada.
En este día nacional, la reflexión debe llevarnos a la acción. Denunciar el delito (línea 137 o fiscalías especializadas) es fundamental y, sobre todo, construir una red de contención y concientización que haga de internet un espacio seguro. El silencio nos hace cómplices. Es hora de hablar, de educar y de proteger a quienes más lo necesitan. Nadie se salva solo y menos los pibes del grooming.

El autor es marplatense, abogado, coordinador del área ciberseguridad de la Fundación Metropolitana y ex director del Observatorio de Familias y Juventudes del Congreso de la Nación.

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