Nación

Seguir creyendo que hay un Dios

Por Crosta Morena Ailen

Había una vez, un nene rosarino con estatura baja y una zurda impresionante. Con el nacimiento de ese nene nació una ilusión, un sueño y una gambeta.
Ese personaje, que sería protagonista de la historia más bella que millones de súbditos podrán contar, se convertiría en un héroe colectivo. En un país que cabía en sus pies.

Ese nene se convirtió en el mesías que vino con un mensaje de Dios, incluso cuando creíamos que este había muerto. Fue el Dios que no podía repetirse, resucitado en otra zurda

Ese Mesías fue bronca y angustia. Fue la vida arrebatando sueños, contándonos que a los héroes también les llegan las adversidades, los dolores, las injusticias. Que no lo pueden todo. Que la vida también los puede a ellos.
También fue el que entró a tu casa, el que te encontró hablando de él, enojándote con él, emocionándote por él. El que te hizo brillar los ojos creyendo que veías a un ser mitológico, pero siendo uno de los tuyos, cuasi un familiar, un amigo.
Hasta que un día, a la vida no le quedó otra opción más que arrodillarse ante sus pies, esos pies que Dios y el Diablo bendijeron y endemoniaron por igual. Y ahí sí, las injusticias fueron justas.
Ese día, con Dios y el sol de protagonistas, le dio sentido a esta historia de resurrección y esta historia te cerró. Porque este protagonista, sobre todas las cosas, fue las ganas de seguir gambeteándole a la vida un par de sueños. Y esos sueños se volvieron tuyos. La victoria de esa zurda inmortal fue la victoria del obrero y del empresario, que se encontraron en un abrazo impensado, en una calle colmada de danzas, música y amor.

La victoria de esa zurda inmortal fue la victoria del obrero y del empresario, que se encontraron en un abrazo impensado, en una calle colmada de danzas, música y amor

Y ahora que se va -porque todo había una vez tiene un punto final- sentís que una parte de tu vida se fue con él. Porque vos no te olvidaste más de esta leyenda, y no vas a permitir que tus hijos la desconozcan. Se la vas a contar con la ternura con la que la viviste, con lo mítico y lo heroico que caracterizó la narración más linda que la vida escribió alguna vez.
Y vas a hablar de él, y te vas a volver a emocionar, y ese abrazo de la calle te va a encontrar. Y todo va a seguir cobrando sentido. El sentido que le dan a las historias sus héroes mágicos. Pero este fue real, fue nuestro. Se llamó Lionel y se mostró en una zurda que -como todo lo mortal- un día se agotó. Pero fue un país que la mantendrá viva para toda la eternidad porque las hazañas de los héroes nunca terminan.

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