Caputo, Milei y Bullrich: la pelea por conquistar al Círculo Rojo
Mientras la recesión presiona sobre el programa económico, las principales figuras del oficialismo buscan conservar la confianza del empresariado. Caputo desliza la necesidad de corregir el rumbo, Milei se aferra a su estrategia y Bullrich empieza a construir un perfil propio. La disputa por el poder ya mira hacia 2027.
La crisis económica empieza a dejar al descubierto algo más profundo que las dificultades de un programa de gobierno: las diferencias dentro del propio oficialismo sobre cómo administrar el desgaste y, sobre todo, cómo llegar políticamente a 2027. Luis Caputo, Javier Milei y Patricia Bullrich parecen haber comenzado a jugar sus propias partidas frente al denominado Círculo Rojo, ese sector del poder económico que observa, evalúa y, cuando lo considera necesario, empieza a buscar alternativas.
No se trata necesariamente de una ruptura inminente ni de una pelea declarada. Pero los movimientos, los mensajes públicos y las versiones que circulan en los ámbitos políticos y empresariales muestran que la unidad del discurso oficial ya no tiene la misma solidez que durante los primeros meses de gestión.
El dato central es que la economía dejó de ofrecerle al Gobierno el margen político que supo tener. La recesión, el deterioro de distintos sectores productivos y la incertidumbre sobre la recuperación obligan a revisar expectativas. Y cuando el modelo comienza a mostrar fisuras, también aparecen las disputas por quién conduce, quién interpreta mejor el momento y quién puede garantizarle previsibilidad al poder económico.
Caputo: el pragmatismo frente al desgaste
Luis Caputo parece estar cada vez más preocupado por los resultados de la estrategia económica. Según reconstruyó Página/12, el ministro habría transmitido en encuentros privados su inquietud por la marcha del programa y la necesidad de introducir correcciones. En ese escenario, su vínculo con Milei atravesaría momentos de tensión, especialmente por la resistencia presidencial a modificar decisiones y formas de conducción.
El episodio de Rosario, durante una presentación vinculada con la cadena de valor del RIGI, dejó una imagen de un ministro cansado y bajo presión. Pero más allá de esa circunstancia puntual, lo relevante es el trasfondo político: Caputo debe defender un programa económico cuyos resultados todavía no se traducen en una mejora generalizada de la actividad.
El ministro necesita convencer a los empresarios de que el rumbo puede sostenerse. Milei, en cambio, necesita demostrar que no hay marcha atrás en su proyecto. Esa diferencia puede parecer menor en términos discursivos, pero adquiere otra dimensión cuando los indicadores económicos no acompañan las expectativas oficiales.
Para el establishment, la discusión no es solamente cuánto ajuste puede soportar la sociedad. También es cuánto tiempo puede mantenerse un esquema económico sin una recuperación más extendida, con inversión productiva, empleo y consumo.
Bullrich juega su propio partido
Patricia Bullrich encontró una oportunidad para diferenciarse sin anunciar una ruptura. Su aparición sorpresiva en una reunión con empresarios y representantes gremiales del sector portuario, donde defendió una posición propia frente a la crisis, fue leída como un movimiento político.
La senadora dejó un mensaje que merece atención: aseguró que su postura sobre la situación económica es inalterable y sostuvo que no puede simular frente a una realidad que afecta a la población. También habría planteado, según el relato de Página/12, que reclamó en distintas oportunidades medidas a Milei y Caputo para enfrentar la recesión.
Bullrich conoce el valor de esos gestos. Su trayectoria política está marcada por la construcción de una identidad propia y por su capacidad para disputar espacios de poder. Ahora, desde el Senado, intenta conservar un capital político que podría tener valor en la próxima discusión electoral.
El empresariado también toma nota. Algunos sectores del Círculo Rojo parecen dispuestos a escuchar alternativas, aunque eso no significa que hayan decidido abandonar a Milei ni que exista un respaldo consolidado a una eventual candidatura de Bullrich.
La senadora enfrenta, además, una contradicción: necesita diferenciarse para ampliar su autonomía, pero no puede romper abiertamente con un espacio político que todavía tiene el control del Gobierno y concentra las principales expectativas de su electorado.
Milei, entre la lealtad y la resistencia a corregir
En el centro de la disputa está Javier Milei. El Presidente conserva la autoridad institucional y el liderazgo formal de La Libertad Avanza, pero enfrenta un escenario más complejo que el de sus primeros meses de gestión.
La dificultad no es únicamente económica. También es política. Los cuestionamientos internos, las tensiones con Bullrich y las diferencias sobre la estrategia internacional y parlamentaria exponen un oficialismo donde conviven intereses y proyectos que no necesariamente avanzan en la misma dirección.
La reacción presidencial frente a las diferencias públicas parece ser la de reafirmar autoridad y exigir alineamiento. Sin embargo, la política no funciona solamente con demostraciones de fuerza. Cuando los resultados económicos se demoran, los aliados empiezan a calcular costos y los actores con poder económico buscan garantías.
La tensión con Bullrich se profundizó luego de que la senadora reconociera públicamente el triunfo de Lula da Silva en Brasil, en contraste con la posición adoptada por la Casa Rosada. A ese episodio se sumaron los conflictos internos por la conducción del bloque oficialista en el Senado y las declaraciones de Martín Menem sobre la existencia de un único liderazgo dentro de La Libertad Avanza.
El mensaje es evidente: Milei no está dispuesto a compartir el centro de la escena. Pero la pregunta es si todos los dirigentes que lo acompañan están dispuestos a resignar sus propias aspiraciones.
El Círculo Rojo ya no mira solamente a Milei
La cuestión de fondo excede las diferencias personales. El Círculo Rojo no es un bloque homogéneo ni tiene una única estrategia. Conviven sectores financieros, industriales, exportadores, empresas energéticas y grupos económicos con intereses muchas veces contrapuestos.
Una parte del empresariado continúa respaldando el programa de desregulación, ajuste fiscal y apertura económica. Otros sectores, especialmente aquellos más expuestos a la caída del consumo y a la competencia externa, reclaman cambios que permitan recuperar actividad y empleo.
La incertidumbre se expresa también en las decisiones de inversión. De acuerdo con el relevamiento publicado por Página/12, empresarios consultados señalaron que algunas corporaciones habían frenado evaluaciones de nuevos proyectos ante la percepción de que la campaña electoral se adelantó y el escenario político comenzó a ganar protagonismo.
En ese contexto, Caputo busca transmitir que el programa puede corregirse sin abandonar sus fundamentos; Bullrich intenta mostrarse como una dirigente capaz de escuchar las preocupaciones sociales y empresariales; y Milei procura conservar el monopolio de las decisiones.
La disputa es por la confianza. Y, en política económica, la confianza del poder empresario puede convertirse en un factor determinante para la estabilidad de un gobierno.
2027 empezó antes de tiempo
La campaña todavía no tiene candidaturas formalizadas, pero los movimientos ya comenzaron. Bullrich construye autonomía, Caputo intenta preservar la credibilidad del programa y Milei necesita sostener su liderazgo sin admitir fisuras.
El escenario se vuelve todavía más delicado por el contexto internacional. La relación con Estados Unidos, las consecuencias políticas de la elección brasileña y la evolución de los mercados agregan incertidumbre a una economía que necesita estabilidad para recuperar inversiones.
La pregunta que sobrevuela los despachos oficiales y los encuentros empresariales es incómoda para el Gobierno: ¿el Círculo Rojo apuesta exclusivamente a la continuidad de Milei o empieza a evaluar quién podría garantizar la continuidad del modelo con menos turbulencias políticas?
No hay todavía una respuesta definitiva. Tampoco existen elementos suficientes para afirmar que Caputo y Bullrich estén articulando una alternativa común contra el Presidente. Pero sí hay señales de que los principales protagonistas buscan preservar su lugar en el escenario que viene.
En definitiva, la discusión ya no pasa solamente por quién administra la economía. Pasa por quién tiene capacidad para conducir el proyecto político, sostener el respaldo empresario y llegar competitivo a 2027.
Milei quiere que no haya dudas sobre quién manda. Caputo necesita que el programa funcione. Bullrich busca que su voz tenga peso propio. Y el Círculo Rojo, mientras tanto, observa, mide y espera.
Porque en la Argentina, cuando el poder económico empieza a mirar más allá de un gobierno, no necesariamente está anunciando una ruptura. Muchas veces, simplemente está preparando sus opciones.








