La marea que no se detiene frente al desamparo estructural
39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries.
La masiva movilización que volvió a colmar las calles de Córdoba con miles de mujeres y disidencias de todo el país no es un hecho aislado ni un mero ritual de agenda; es la respuesta colectiva y contundente ante un contexto de creciente vulnerabilidad. En un momento en que las problemáticas estructurales que afectan a las mujeres se profundizan, la ocupación del espacio público reafirma que la agenda de derechos no admite retrocesos ni indiferencia institucional.
La realidad cotidiana para las mujeres atraviesa hoy una doble encrucijada: económica y de seguridad. Por un lado, la precarización laboral y la brecha de ingresos impactan de lleno en los hogares, donde las tareas de cuidado recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres, limitando sus posibilidades de desarrollo profesional y autonomía económica. En contextos de ajuste y retracción del consumo, son los sectores feminizados los que primero experimentan el deterioro en la calidad de vida y la falta de contención estatal.
Por otro lado, la violencia de género continúa cobrándose vidas de forma dramática en todo el territorio nacional. La falta de presupuestos adecuados para políticas de prevención, la saturación de los canales de asistencia judicial y la ausencia de respuestas integrales dejan a miles de víctimas en una situación de desamparo absoluto. La consigna por la erradicación de las violencias no es un eslogan abstracto; es un reclamo urgente por medidas concretas que garanticen el derecho básico a una vida libre de amenazas.
Lo que demostró la jornada en Córdoba es que la organización territorial y el encuentro federal siguen siendo el principal refugio y motor de transformación frente a la adversidad. Las miles de voces que marcharon no solo expusieron la gravedad de la crisis actual, sino que exigieron la restitución y el fortalecimiento de políticas públicas eficientes. La lucha por la igualdad y la justicia social no es una demanda del pasado: es una necesidad presente e impostergable que interpela al conjunto de la sociedad y a todas las esferas del Estado.








