$LIBRA: un fallo que deja desconfianza en la Justicia
El sobreseimiento de Javier Milei, Karina Milei y otros nueve investigados en la causa por la criptomoneda desató cuestionamientos por el cierre de la investigación, la falta de indagatorias y las dudas que permanecen sobre el destino de millones de dólares. La decisión del juez Marcelo Martínez de Giorgi, a partir del pedido del fiscal Eduardo Taiano, reabre el debate sobre la independencia judicial y la responsabilidad de los funcionarios públicos.
La causa $LIBRA quedó frente a una decisión que excede el expediente judicial y vuelve a poner bajo la lupa el funcionamiento de la Justicia argentina. El juez federal Marcelo Martínez de Giorgi dispuso el sobreseimiento del presidente Javier Milei, de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y de otros nueve investigados por el lanzamiento y posterior desplome de la criptomoneda promocionada por el mandatario en febrero de 2025.
La resolución hizo lugar al pedido del fiscal Eduardo Taiano, quien sostuvo que los hechos denunciados no encuadraban en los delitos investigados. Sin embargo, el cierre de la causa generó fuertes cuestionamientos porque se produjo sin que los acusados hubieran sido convocados a declarar en indagatoria y mientras persisten interrogantes sobre las operaciones financieras vinculadas con el proyecto.
La pregunta que queda planteada es inevitable: ¿alcanza con considerar que una inversión era especulativa para descartar todas las responsabilidades que podrían derivarse de su promoción pública?
El fallo sostiene que no se acreditaron delitos como estafa, abuso de autoridad, tráfico de influencias o negociaciones incompatibles con la función pública. Pero la decisión de cerrar el expediente, en lugar de profundizar las líneas de investigación cuestionadas por los damnificados, alimenta las críticas sobre la suficiencia de las medidas adoptadas.
Una causa que se cierra sin indagatorias
El episodio que originó la investigación ocurrió el 14 de febrero de 2025, cuando Milei publicó en su cuenta de X un mensaje en el que difundió el proyecto vinculado con el token $LIBRA y lo presentó como una iniciativa destinada a impulsar emprendimientos privados.
Tras la publicación presidencial, el activo registró una suba abrupta de su cotización y posteriormente se desplomó. Numerosos inversores denunciaron pérdidas económicas y se abrió una investigación para determinar si existió una maniobra fraudulenta y si hubo responsabilidades de funcionarios o personas vinculadas con el lanzamiento.
Entre los investigados estaban, además de los hermanos Milei, el empresario estadounidense Hayden Mark Davis, señalado como impulsor del proyecto; los operadores Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy; y el exasesor de la Comisión Nacional de Valores Sergio Morales, entre otros.
El fiscal Taiano consideró que el token había existido efectivamente, que las operaciones se realizaron en un mercado de naturaleza especulativa y que no se había demostrado el engaño necesario para configurar una estafa. El juez adoptó ese razonamiento para disponer los sobreseimientos.
Sin embargo, la controversia no pasa únicamente por determinar si una criptomoneda puede subir o bajar de precio. El interrogante es si la promoción realizada por el Presidente, los vínculos entre los participantes y las operaciones relacionadas con el lanzamiento fueron investigados con la profundidad necesaria antes de concluir que no existía responsabilidad penal.
El sobreseimiento es una decisión judicial con efectos concretos: desvincula a los beneficiados de los hechos investigados en los términos de la resolución. Por eso, cerrar la causa sin agotar las preguntas que plantean los denunciantes merece un análisis público riguroso.
El dinero y las operaciones que todavía generan interrogantes
Uno de los puntos más discutidos es el recorrido de los fondos vinculados con el proyecto. Según la investigación periodística publicada por Página/12, quedaron interrogantes sobre transferencias millonarias realizadas por Davis antes y después del lanzamiento del token, que habrían pasado por cuentas de intermediarios argentinos vinculados con el grupo promotor.
La existencia de transferencias, por sí sola, no prueba un delito ni demuestra que el dinero haya llegado a funcionarios públicos. Pero conocer su origen, destino y eventual relación con las personas involucradas es una cuestión relevante para reconstruir los hechos.
También se discutieron los contactos entre Milei y Novelli, las visitas de operadores vinculados al proyecto a la Casa Rosada y los encuentros previos al lanzamiento. Esos elementos no acreditan automáticamente una conducta ilícita, pero forman parte del contexto que la investigación debía evaluar para establecer si existió una relación entre la promoción presidencial y los intereses privados involucrados.
La crítica al cierre del expediente se apoya precisamente en esa diferencia: una cosa es que no se haya probado un delito y otra es que todas las líneas relevantes hayan quedado suficientemente esclarecidas.
Los damnificados, apartados del proceso
Otro aspecto cuestionado fue la situación procesal de los inversores que intentaron participar como querellantes. Varios damnificados habían sido apartados de la causa por decisiones judiciales anteriores, una situación que seguía siendo objeto de discusión ante instancias superiores.
Según informó Página/12, los sobreseimientos se dictaron antes de que la Cámara Federal de Casación Penal resolviera definitivamente la situación de los querellantes. Esa secuencia alimentó las críticas porque la exclusión de los denunciantes limita su intervención directa en el proceso y las posibilidades de impulsar medidas de prueba dentro del expediente.
La participación de los damnificados no significa que tengan razón en todas sus denuncias ni que deban obtener una condena. Significa que sus planteos deben ser evaluados conforme a las reglas procesales y que las decisiones que restringen su intervención requieren fundamentos claros.
En una causa de alcance nacional, con un Presidente involucrado y pérdidas denunciadas por inversores, la transparencia del procedimiento resulta tan importante como la resolución final.
La responsabilidad pública no se agota en la condena penal
El Presidente tiene derecho a que se respete la presunción de inocencia y a que cualquier imputación sea probada de acuerdo con la ley. Ese principio debe aplicarse sin excepciones, independientemente de quién ocupe el Poder Ejecutivo.
Pero la responsabilidad política y la responsabilidad penal no son idénticas. Que un tribunal no encuentre elementos suficientes para condenar por un delito no elimina el debate sobre la prudencia de promover públicamente una inversión, la transparencia de los vínculos con sus impulsores o la necesidad de explicar los hechos ante la ciudadanía.
La investidura presidencial implica una responsabilidad institucional particular. Cuando el jefe de Estado difunde un activo financiero, su alcance público puede influir en la percepción de quienes evalúan invertir, aunque esa influencia no constituya automáticamente una conducta penalmente reprochable.
Por eso, la discusión sobre $LIBRA no debería reducirse a una disputa entre el oficialismo y la oposición. También involucra estándares de transparencia, prevención de conflictos de intereses y rendición de cuentas para quienes ejercen funciones públicas.
La independencia judicial, bajo el escrutinio público
El sobreseimiento fue celebrado por Milei, quien sostuvo que la Justicia había restablecido su buen nombre y denunció una operación política y mediática en su contra. Desde sectores opositores, en cambio, se cuestionó el cierre de la investigación y se denunció que quedaron pruebas y preguntas sin resolver. <Cite refs={[«turn612282search0″,»turn612282search4»]}/>
Esas posiciones expresan interpretaciones enfrentadas del fallo. La evaluación jurídica definitiva depende de los fundamentos de la resolución y de las eventuales revisiones que puedan plantearse ante tribunales superiores.
Sin embargo, la independencia judicial no se demuestra solamente con una sentencia, sino también con la calidad de sus fundamentos, la amplitud de las medidas de prueba y la capacidad de explicar de manera convincente por qué se descartan hipótesis relevantes.
En una democracia, cuestionar una decisión judicial no equivale a desconocer la Justicia. La crítica pública forma parte del control ciudadano, siempre que distinga entre hechos comprobados, sospechas y opiniones, y que no convierta las dudas en condenas anticipadas.
Un cierre judicial que no termina con el debate
La causa $LIBRA expone una tensión que atraviesa a las instituciones argentinas: cómo garantizar que las investigaciones sobre personas con poder político se desarrollen con el mismo rigor que las que involucran a cualquier otro ciudadano.
El sobreseimiento dispuesto por Martínez de Giorgi no puede interpretarse, por sí solo, como prueba de una conspiración judicial. Pero tampoco debería cerrar la discusión sobre la suficiencia de la investigación, la participación de los damnificados y las dudas que persisten sobre las operaciones vinculadas con el lanzamiento de la criptomoneda.
La posibilidad de que los querellantes obtengan una revisión de decisiones procesales anteriores mantiene abierto un capítulo judicial relevante. Será la actuación de los tribunales competentes la que determine si existen vías para revisar aspectos del expediente y bajo qué condiciones.
La cuestión de fondo sigue siendo institucional. Cuando una causa de alto impacto político termina sin indagatorias y con interrogantes pendientes, la Justicia debe ofrecer razones sólidas, comprensibles y verificables para explicar por qué considera agotada la investigación.
Porque la confianza pública no se construye únicamente con resoluciones que cierran expedientes. Se construye cuando la ciudadanía puede comprobar que las preguntas relevantes fueron investigadas, que las reglas se aplicaron sin privilegios y que las decisiones judiciales están respaldadas por fundamentos transparentes.
En el caso $LIBRA, el sobreseimiento cierra una instancia para los investigados, pero deja abierta una discusión que va más allá de Milei: qué nivel de investigación y rendición de cuentas merece un caso en el que se cruzan poder político, promoción financiera y pérdidas económicas denunciadas por ciudadanos.








