El bono jubilatorio perdió el 70% de su poder de compra
El Gobierno prorrogó el refuerzo de $70.000 para noviembre, pero mantiene congelado su valor desde marzo de 2024. Si hubiera acompañado la inflación, debería alcanzar los $231.253. La diferencia supera los $161.000 mensuales y vuelve a poner en discusión el ajuste sobre los ingresos de millones de jubilados y pensionados.
El Gobierno de Javier Milei volvió a prorrogar el bono extraordinario para jubilados y pensionados de menores ingresos, pero confirmó que continuará en $70.000 durante noviembre. La decisión, oficializada mediante el Decreto 1296/2026, prolonga un congelamiento que comenzó en marzo de 2024 y que, después de 32 meses, provocó una pérdida cercana al 70% de su poder adquisitivo.
El dato refleja una de las principales contradicciones de la política previsional: mientras los haberes se actualizan mensualmente según la inflación, el refuerzo destinado a quienes cobran las jubilaciones más bajas permanece sin modificaciones. De esta manera, una parte fundamental del ingreso de millones de adultos mayores pierde valor mes tras mes.
Según los cálculos publicados por el periodista Ismael Bermúdez en Clarín, si el bono hubiera acompañado la evolución de los precios desde marzo de 2024, actualmente debería ubicarse en $231.253. Esto representa una diferencia de $161.253 respecto de los $70.000 que continuará pagando el Estado en noviembre.
$161.253 menos por mes: el impacto del congelamiento
La magnitud del deterioro se observa al comparar los ingresos previsionales.
Para noviembre de 2026, la jubilación mínima sin bono será de $444.158,46. Con el refuerzo congelado, el ingreso bruto total alcanzará los $514.158,45.
Sin embargo, si el bono hubiera sido actualizado de acuerdo con la inflación acumulada, el ingreso debería llegar a $675.411.
| Concepto | Monto noviembre 2026 |
|---|---|
| Jubilación mínima | $444.158 |
| Bono congelado | $70.000 |
| Total que se cobra | $514.158 |
| Bono actualizado estimado | $231.253 |
| Total con bono actualizado | $675.411 |
| Diferencia mensual | $161.253 |
La brecha muestra que el refuerzo perdió aproximadamente el 70% de su valor real original. En otras palabras, aunque el Estado sigue anunciando un bono de $70.000, su capacidad para comprar alimentos, medicamentos y pagar servicios es considerablemente menor que cuando fue implementado.
El deterioro también se refleja en la participación del bono dentro del ingreso total. En marzo de 2024 representaba aproximadamente el 34,2% de lo que percibía un jubilado de la mínima. Para noviembre de 2026, su peso caerá al 13,6%.
Un refuerzo que se convirtió en un ingreso cada vez más pequeño
El bono fue implementado como una compensación extraordinaria para los sectores previsionales de menores ingresos. Sin embargo, su congelamiento terminó modificando el alcance de esa asistencia.
Mientras los haberes se actualizan mediante la fórmula de movilidad vinculada al Índice de Precios al Consumidor (IPC), el refuerzo quedó excluido de ese mecanismo.
El resultado es una brecha creciente entre quienes cobran jubilaciones superiores a la mínima y quienes dependen del bono para completar sus ingresos.
Además, el refuerzo no integra el haber previsional propiamente dicho y, por lo tanto, tampoco se computa para el cálculo del aguinaldo. Esto significa que la pérdida no se limita al deterioro mensual: también repercute sobre los ingresos adicionales que reciben los jubilados durante el año.
De acuerdo con los datos publicados por Clarín, la decisión alcanza a unos tres millones de jubilados del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), además de aproximadamente 1,5 millones de personas que perciben la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) y pensiones no contributivas.
Jubilaciones mínimas: el ajuste también se siente en los gastos cotidianos
El impacto del congelamiento debe analizarse en relación con los gastos que enfrentan los adultos mayores.
Alimentación, medicamentos, alquileres, expensas, transporte y servicios públicos representan una parte central de sus presupuestos. Muchos de esos gastos no pueden postergarse ni reducirse sin afectar directamente las condiciones de vida.
El problema se profundiza para quienes necesitan tratamientos médicos permanentes o deben destinar una porción importante de sus ingresos a medicamentos.
En ese contexto, mantener congelado el refuerzo previsional implica que el Estado reduce progresivamente su participación en los ingresos de quienes se encuentran en la parte más baja de la escala jubilatoria.
La situación también plantea una discusión sobre la suficiencia de la fórmula de movilidad. Aunque los haberes se actualizan por inflación, ese mecanismo no garantiza por sí mismo la recuperación de las pérdidas acumuladas ni resuelve la situación de quienes dependen de un bono que permanece fijo.
El reclamo llegó a la Justicia
El congelamiento del bono también abrió una discusión judicial.
En agosto de 2025, la Sala III de la Cámara Federal de la Seguridad Social, en la causa Varela Alberto c/ ANSES, consideró que una pérdida superior al 15% podía configurar un perjuicio confiscatorio y contrario a las garantías constitucionales.
El Gobierno apeló esa decisión, por lo que el conflicto continúa dentro del ámbito judicial.
El planteo pone en discusión si el Estado puede mantener indefinidamente un refuerzo extraordinario sin actualizarlo, mientras la inflación modifica sustancialmente su valor real.
La cuestión adquiere especial relevancia porque el bono no es un ingreso accesorio para quienes cobran la mínima: representa una parte importante del dinero con el que deben sostener sus necesidades básicas.
El Presupuesto 2027 y la continuidad de una política previsional
La prórroga del bono para noviembre vuelve a mostrar que el Gobierno no modificó el criterio aplicado desde marzo de 2024.
La discusión también se proyecta sobre el Presupuesto 2027 y la posibilidad de que el refuerzo continúe congelado. Si no se establece un mecanismo de actualización, los jubilados de menores ingresos seguirán dependiendo de una suma nominal que pierde capacidad de compra con cada aumento de precios.
La política previsional del Gobierno presenta así dos velocidades: por un lado, los haberes se ajustan mensualmente según la inflación; por otro, el bono que complementa las jubilaciones mínimas permanece inmóvil.
El resultado es una pérdida diferencial que recae sobre los sectores más vulnerables del sistema.
Un ajuste que se mide en el bolsillo de los jubilados
El congelamiento de los $70.000 no es solamente una discusión sobre una cifra presupuestaria. Se trata de una decisión que afecta directamente la capacidad de millones de personas mayores para afrontar sus gastos cotidianos.
La diferencia de más de $161.000 mensuales entre el bono actual y su valor estimado actualizado permite dimensionar el impacto de la medida.
Mientras el Gobierno sostiene el esquema de actualización por inflación para los haberes, la falta de movilidad del refuerzo previsional profundiza la distancia entre los ingresos nominales y las necesidades reales de los jubilados.
Después de 32 meses, el bono que nació como una herramienta de compensación se transformó en un ingreso cada vez más reducido. Y para quienes dependen de él, la pérdida no se expresa en una estadística: se traduce en medicamentos que cuestan más, alimentos que alcanzan para menos y decisiones cotidianas que deben postergarse.








